miércoles, 1 de abril de 2015

Día de lluvia.

Ahora soy más de cal y arena,
-sin saber cuál es la mala y cuál es la buena-.
Soy de noches estrelladas,
o más bien de estrellarme cada noche.
Soy de canciones lentas y triste que te hacen recordar y añorar,
que te remueven sentimientos que creías que habías enterrado,
pero alguien los ha resucitado.
Soy de todo o nada.
Todo sin ti y nada contigo.
O quizás era al revés.
Quizás antes.
Cuando no me dolías.
Si es que alguna vez no lo hiciste.
Quizás.
Soy de las que no arriesgan,
pero contigo arriesgué hasta la última letra de mi nombre.
Empeñé mis miedos y aposté por ti.
Aposté cada canción que me escribiste,
cada sílaba que salía de tu garganta,
cada risa.
Mi risa.
Aposté.
Y lo que más valor tenía era yo.
Me aposté a mí,
a pesar de pensar que no valía ni la mitad de lo que vales tú.
Y perdí,
Otra vez.
Y me perdí.
Como tantas veces.
Supongo que siempre tropiezo en el mismo sitio,
pero con distinta piedra.
Supongo que siempre he sido de amores imposibles.
O quizás,
simplemente,
de amores improbables.

¿Una historia de amor de cuento? Mejor.

Siempre he sido de las que desean una bonita historia de amor,
de esas que nos enseñaban de pequeños,
con su caballero andante dispuesto a cruzar todo su reino por ti,
con su castillo y su caballo.
De esas que terminan bien.
De esas de cuento.
De esas.
Inventadas.
Irreales quizás.

Siempre he sido de las que desean una bonita historia de amor,
con mi príncipe particular que se enfrentase a dragones por mí.
Hasta que me di cuenta
de que la historia de amor más bonita que puedes vivir
es quererte a ti misma.
Sin condiciones.
Sin restricciones.
Siempre.


CM.

Sus brazos son la calma que llega  después de la tempestad.
Su sonrisa es la curva más bonita que jamás será dibujada.
Su boca es la más acogedora cueva en la que mi padre se refugiará jamás.
Su regazo es el lugar más seguro del mundo.
Ya puede estallar la III Guerra Mundial, que si ella está aquí, no hay nada que temer.
Su abrazos vuelven niño otra vez a ese hombre, y se siente tan bien imaginarse así,
que cuando el abrazo se deshace, la lluvia aparece en sus ojos.

Cuando pienso en héroes, siempre pienso en ella.
Ella es la mujer más valiente que he conocido jamás.
Es esa mujer que quiere siempre el bienestar de los demás por encima del suyo propio.
Esa mujer a la que no le hace falta sobrevolar los cielos para salvar vidas,
porque con sobrevolar a personas puede salvar corazones.

Ella es todo lo que le falta al mundo para ser un lugar mejor.