Ahora soy más de cal y arena,
-sin saber cuál es la mala y cuál es la buena-.
Soy de noches estrelladas,
o más bien de estrellarme cada noche.
Soy de canciones lentas y triste que te hacen recordar y añorar,
que te remueven sentimientos que creías que habías enterrado,
pero alguien los ha resucitado.
Soy de todo o nada.
Todo sin ti y nada contigo.
O quizás era al revés.
Quizás antes.
Cuando no me dolías.
Si es que alguna vez no lo hiciste.
Quizás.
Soy de las que no arriesgan,
pero contigo arriesgué hasta la última letra de mi nombre.
Empeñé mis miedos y aposté por ti.
Aposté cada canción que me escribiste,
cada sílaba que salía de tu garganta,
cada risa.
Mi risa.
Aposté.
Y lo que más valor tenía era yo.
Me aposté a mí,
a pesar de pensar que no valía ni la mitad de lo que vales tú.
Y perdí,
Otra vez.
Y me perdí.
Como tantas veces.
Supongo que siempre tropiezo en el mismo sitio,
pero con distinta piedra.
Supongo que siempre he sido de amores imposibles.
O quizás,
simplemente,
de amores improbables.
No hay comentarios:
Publicar un comentario