martes, 21 de octubre de 2014

Tú.

No te conocen como yo. No saben cómo eres realmente, y quizás yo tampoco lo sepa del todo, y eso me gusta, porque así todos los días puedo descubrir una peculiaridad tuya. Pero no, ellos realmente no saben cómo eres. No como yo. Por eso no pueden entender que para mí seas el lienzo más bonito que jamás haya visto. Que seas esa manta extra suave que te calienta en una fría tarde de domingo. Ese olor a café recién hecho por las mañanas. Esa catarata que suena con fuerza, como si fuese a romperse. Ese momento inolvidable, capturado para siempre en una fotografía. Esos momentos que están por venir. Esas personas, que de un modo u otro, queramos o no, serán inolvidables. Esa risa a punto de estallar en carcajada, resonando en la soledad de una noche triste. Esa ilusión por la que sonríes, y esa lágrima que acaba en el lago de tus pensamientos. La canción más bonita que jamás has escuchado y has compartido conmigo. Ese rayo de sol que asoma por tu ventana una mañana de verano acompañado del cantar de los pájaros. Esa gota de lluvia que se aloja en tus pestañas y con un parpadeo dejas caer en una caída libre directa a tu regazo. Ese en el que pasaría toda mi vida. Que eres un ni contigo ni sin ti. Esa noche en vela con la mejor compañía que se puede tener. Ese miedo atroz a perderte. Esa lucha contra gigantes que habría librado mil veces solo por verte sonreír. Ese concierto de tu grupo favorito que hace que con cada canción, con cada nota, se te ponga el vello de punta. Esa noche de insomnio que crees que va a desgarrarte el alma. Ese viaje en autobús con destino a una serendipia segura. Ese nudo que se me aloja cada noche en la garganta y que a la vez me salva de caer en el vacío. Ese tema de conversación que puede salir en cualquier momento en medio de la madrugada. Ese cielo estrellado en verano que quisiera ver una y otra vez.
Eres tú. Tú. En cada una de tus facetas.


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