Siempre he querido escalar por tu cuerpo
como un fugitivo que huye de la justicia
y va saltando tapias para que no le pillen,
pero de lo que yo quería escapar era de la soledad.
Esa soledad de la que me evadía imaginando
tus besos en mi cuello,
tus manos en mi cintura
y tus letras en mis melodías.
Pero cuando volvía a la realidad seguía ahí,
sola.
Sin ti.
Y de mí...
Bueno, de mí poco quedaba ya.
Pero poco a poco
ese amor,
esa obsesión,
ese -llámalo éxtasis-
se iba disipando.
Y cuando decías que me querías
y yo te rebatía diciendo que te quería más,
entendí que quizás simplemente te quería diferente.
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